Sé que este post puede resultar ofensivo para las mujeres y seguro que muchas de ellas me calificarán de machista, retrógrada y Neanderthal. Seguro también habrá un grupo del sector masculino que me señalará con la punta de su cursor como perdedor, fracasado, 'loser' y desdichado. Pero no importa, a continuación les daré los detalles de un método, logrado después de muchos errores y exitos, para afanar una chica en una salida nocturna de fin de semana. Las discotecas y bares siempre me han parecido el centro máximo de la hipocresía hedonista. Las mujeres siempre se agrupan en 'ghettos' infranqueables, donde los hombres intentan ingresar con un salvoconducto solo para privilegiados. Mientras tanto, los hombres se agrupan en burdas jaurías que intentan atravesar los muros femeninos a punta de pico y comba.
Aquí mi primer ensayo del método. (No es mi responsabilidad si lo aplican)
El lugar
¿Por qué siempre vas al mismo bar? Muchos dirán por la música, los tragos o los amigos. La realidad es que uno va por las mujeres. Uno acude con la esperanza de encontrarse de manera "casual" con esa chica con la que intercambias miradas cada fin de semana. Muy posiblemente alguna vez te has agarrado a una chica en esa discoteca y siempre regresas con la esperanza de que ese hecho fortuito vuelva a suceder.
Yo siempre regreso al Oso. Ese bar, venido a menos, siempre me atrae por una sola razón. Siempre recuerdo la vez que besé a una chica de la que solo conocía su nombre.
El objetivo
Es muy importante saber a quién apuntas. Todos somos ambiciosos y miramos a la rubia despampanante de senos exorbitantes y culo respingado, al igual que los otros cien galifardos que la rodean. Esto es economía pura: a mayor demanda, más caro es el precio. Siempre junto a la rubia hay una amiga no tan bella, pero simpática; no tan alta, pero no chata; no tan elocuente, pero sí inteligente. Ella debe ser tu objetivo.
Ese día en el Oso mis cinco amigos torcieron el cuello ante una morena alta de pelo ondulado. Ella caminaba y todos se abrían a su paso. Sin embargo, mi astuto compañero de vida, Luchín, vio a una chica de mirada malévola. Ojos negros, sombras negras y cejas profundas. Él la señaló y para mi suerte la conocía de vista. La mire una vez en una presentación de un libro. La observé en una discoteca. La contemplé una vez en la calle. Lo importante era que sabía su nombre: Eva.
La frase
Lo más importante son las primeras palabras que le vas a decir. Tiene que ser la frase perfecta en el momento indicado. Cada chica tiene una frase distinta. Es el arte de la palabra exacta y precisa. No puedes titubear y tiene que ser de un solo disparo. A veces la misma frase en dos chicas puede funcionar de manera distinta. A veces es un éxito seguro; otras, un fracaso irremediable.
"Hola Eva, soy Diego. Nos conocimos en la presentación del libro de Renzo", me presenté antes de que dudara y no supiera mi nombre. Ella, felizmente, se acordó de mí. "Hola. Claro, nos presentó Darío". ¡Sí, lo había logrado! Tenía su atención y, ahora, éramos amigos con un tema de conversación. Gracias, Darío.
Tu pose
Siempre hay que trabajar la sensación del "ya me voy". Mirar sobre el hombro de ella, saludar a otras chicas. Decir que tus amigos te esperan. Que estás solo de pasada. Ella no debe creer que te quieres estacionar a su lado. Las chicas odian la sensación de ser floreadas. Les encanta aquello que no está en sus manos, que se puede ir en cualquier momento.
Después de una conversación que abarcó todo lo que ella quería escuchar -modas, viaje, fiestas- ella me dijo que iba al baño. Fue un momento clave. Mis amigos reían socarronamente al fondo del bar pues, para ellos, Eva me había choteado. Por otro lado, estaba yo parado con mi botella de chela, esperándola. Entonces decidí moverme e ir con mis amigos. No esperarla. Que ella me busque si quería seguir conversando. Al llegar, mis compañeros de lucha me hicieron una "L" con los dedos, la que después se la tuvieron que meter al bolsillo (y tal vez en otro lado más), cuando ella regresó y me pidió un poco de cerveza.
No hablar tanto
Muchas veces pensamos que debemos llenar el espacio con nuestra voz cuando a veces es mejor callar y escuchar. Mirarla fijamente y escuchar toda la manga de banalidades que te cuenta. Ella será feliz hablando y a la vez querrá saber qué tanto piensa este muchacho. Después, el contacto físico sutil siempre es útil. Nunca intentar abrazarla ni tomarla de la cintura con fuerza. Cosas más simples como tomarla del hombro por un instante o moverle el cabello del rostro.
Eva y yo pasamos una hora conversando o, más bien, ella hablando sin parar. Yo simplemente la tomaba de la cintura ligeramente cada vez que alguien me empujaba. Como ella no retrocedía, cada vez estabamos más cerca. Esto sucedió por media hora hasta que la invité a bailar. Durante el baile no dije una sola palabra, solo me acercaba más y más de lo debido.
El beso
Nunca pero nunca te lances a besar a una chica al menos que ella te haya dado una verdadera señal. No es señal que ella te mire, ni que se siente contigo ni que te hable. Una señal distinta. Que se deje tomar de la mano por más de un minuto, que no se quiera ir o que te ruegue para que tú no te vayas. Que te hable de sexo explícitamente, o que te diga que le gustas abiertamente. Este momento es muy sutil y preciso. Si te niega un beso al primer intento, no significa que no quiere nada. Quizás no quiere nada en ese instante, busca una segunda oportunidad. A veces solo es un juego.
En la segunda canción ella baila muy pero muy cerca, pero sin tocarme. Yo seguía sin decir ni una palabra, simplemente me acerqué hasta sus labios pero no intenté besarla. Ella me miró fijamente y, cuando quise besarla, ella volteó como una bailarina de ballet al ritmo de la música. Yo me sonreí. Ella se volvió a poner frente a mí y, esta vez la besé.
El teléfono
A veces, si no la besaste pero lograste una buena conversación, es bueno quedarte con lo que tienes. Un teléfono, el mail o el msn son buenas opciones, pues puede haber una segunda oportunidad. Si la besaste, quizás ella no quiera saber nada más de ti. Solo era un instante y nada más que eso.
Tras besarnos con Eva por todos los rincones del Oso, decidí no pedirle el teléfono. Parecía que ella tampoco me lo iba a dar. Nos despedimos como si nos fuéramos a ver al día siguiente. Luego cerraron el Oso y se perdió el único sitio donde nos podíamos encontrar.
Fuente : Fe de Ratas.









1 comentarios:
de ratas para ratas
Publicar un comentario